Entrada a los estudios de Radio Intercontinental de Madrid en la calle Modesto Lafuente, 42

Todavía luce el viejo rótulo del palacete de Diego de León que reza "Compañía de Radiodifusión Intercontinental", en el edificio ocupado actualmente por "Intereconomía" en Modesto Lafuente.

No faltaba trabajo


Paradojas de la vida: Por aquellos años 1976-77, con 23 años, y aún sin haber acabado la carrera, me encontraba trabajando en tres emisoras de radio al mismo tiempo. Cuando se lo he contado a tantos alumnos en prácticas que en estosúltimos años han pasado por RTVE, “alucinan” como suelen decir ellos y nosotros, cada vez más también.

  Por la mañana temprano, (no sé si a esto se le puede llamar mañana). Hacia las 5, salía yo de casa feliz a pesar del madrugón, en mi flamante Renault 5 amarillo para recorrer la Castellana y llegar a los estudios de la mítica y singular Radio Intercontinental, la emisora aún entonces en manos del cuñadísimo Ramón Serrano Suñer, que estuvo en la foto de Franco con Hitler en Hendaya en 1940, y que entre los réditos de ser cuñado de  Su Excelencia y haberle servido como Ministro de Asuntos Exteriores, había recibido algo tan exclusivo como la concesión en 1950 de una emisora de radio. Una emisora que durante esa década  y la de los sesenta había sido muy popular, ganándose a la audiencia madrileña y de buena parte de España, con programas como Ruede la Bola o las míticas Peticiones del Oyente.

   Como media hora antes del inicio de la emisión, aparcaba –ya en doble fila- frente a la ventana del estudio principal de la Inter, que daba a la calle Espronceda de Madrid, donde aún hoy también se sitúa el Edificio de la Agencia EFE.  Al entrar, y como todo material de trabajo recibía un lote de periódicos: el Ya, el ABC, Diario 16  y el nuevo periódico, El País. Por aquel entonces, las emisoras de radio según ley no estaban autorizadas para emitir información general de actualidad y debían limitarse a noticias del espectáculo, de la farándula y recetas de cocina, como contenidos de mayor compromiso. Así que, con los recortes de los periódicos, convenientemente aderezados y por mi parte reconvertidos en lo que yo estimaba que eran textos radiofónicos, se elaboraba aquel programa matinal de tres horas que tenía por todo equipo de redacción a mí mismo con la imprescindible presencia en la pecera (la sala de control) de un técnico de sonido, que en esos estudios de la calle Modesto Lafuente de Madrid, se encuentra a unos 12 ò 14 metros de distancia del Locutorio, separados por un foso donde se sitúa el estudio para programas “cara al público”, condenado al vacío por muchos años, una vez que se habían extinguido ese tipo de emisiones hacía ya un par de décadas. Así que, se respiraba en aquellos estudios una atmósfera algo extraña, con aquel enorme espacio condenado a la nada, con varias hileras de butacas donde nunca se sentaba nadie, como queriendo representar la ausencia física permanente de los oyentes de la radio, que yo me imaginaba a veces allí sentados.  Para mí fue en todo caso, a pesar de la miseria de medios, una experiencia impagable, que me permitió navegar en el directo, improvisar ante el micro, salir de situaciones imprevistas, y conocer el mundo de la publicidad, al que le perdí la pista tantos años en la radio pública.

 

 

Guillermo Orduna, periodista de radio, blog de actualidad