• Guillermo Orduna

¿ Quién mandó rectificar en el PSOE ?


La noche de la reconquista sanchista de Ferraz se lanzaron varios mensajes que las palabras no pueden expresar. La derrotada lideresa andaluza, al frente de las viejas huestes del PSOE, felicitó por teléfono al retornado Pedro Sánchez, aún encontrándose en la misma planta cuarta de Ferraz. Cuando apareció en la sala de prensa obligada por las circunstancias no mencionó siquiera el nombre de su contrincante ganador. Y cuando, por fin, aceptó comparecer en un fugaz posado de los tres candidatos el poema de su cara parecía indicar, aquí comienza mi nueva batalla contra Sánchez: “vamos a estar a disposición de lo que el partido requiera de nosotros”, declaró, como sucedáneo al obligado “estamos a disposición del ganador y aceptamos la derrota”

Poco después, las cámaras que lo enseñan todo en directo nos mostraban la salida-huída fugaz del coche de la perdedora por el garaje de la sede socialista, como dando la impresión que se apresuraba a trasladarse a la armería para pretrecharse de cara a la nueva contienda.

Todo parecía presagiar una nueva guerra desde ese momento para volver a derribar al Secretario General otrora deseado y utilizado, y que volvía a entrar por la puerta después de haber sido arrojado por la ventana con 16 empujones concertados de otros tantos miembros de la antigua ejecutiva, obedientes a los deseos de Susana Díaz y del cada vez peor visto entre los suyos, Felipe González.

Para sorpresa de todos, al día siguiente, el ignorado Sánchez ya pudo escuchar de la boca de la Presidenta de la Junta un “todos estamos con Pedro”.

Y no solo eso, con su recuperada sonrisa, Susana, llegó a decir “arrimaremos el hombro para ayudar a Pedro”.

¿Quién mandó rectificar?, ¿Qué le hizo abandonar su actitud casi grosera y hostil a la candidata Díaz? ¿Quizá el mismo que la azuzó a acabar con el mando de Pedro Sánchez el 1 de octubre del año pasado? Alguien, que aunque menos querido por los suyos, conserva la lucidez política básica, como para saber que al PSOE no le queda otra, guste o no, que volver a apostar por Sánchez y creer en él, a pesar de sus muchos errores. Quizá haya aprendido y a esa esperanza se agarra entero el segundo partido preferido por los españoles.

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