Dios, patria y una cantante mediocre

La mala pesadilla no era tal. No se trataba de una imagen irreal ni de un montaje, ni siquiera de un meme. Era la realidad brutal del sin sentido en las escalinatas del Capitolio. Asustados por el terrible discurso inundado de rancio patriotismo, de un nacionalismo amenazante y de exclusión de todo lo racional, el futuro se nos vino encima y nos invadió una mezcla de miedo, rabia y bochorno. Y sobre todo, parecía que asitíamos a la representación máxima de la mediocridad aderezada con el himno cantado por una intérprete sin hacer. ¿Qué se puede esperar si al frente de los destinos del país más poderoso de la tierra, se sitúa un narcisista milloniario, chapado en oro, que ha tenido como máx